El mito de la visión de la galera mantis
Dicen que la galera mantis ve colores que no puedes imaginar. Es falso. Distingue los colores peor que tú.
La galera mantis (o camarón mantis) es un crustáceo marino famoso por su golpe, uno de los más rápidos del reino animal, y por sus ojos. Su fama de «superojos» es solo media verdad.
Tú tienes 3 tipos de receptores de color. Ella, hasta 12. Por eso se dio por hecho que veía millones de colores más.
Tus ojos tienen 3 tipos de conos para el color: rojo, verde y azul. Los de la galera mantis tienen hasta 12 tipos de fotorreceptores de color, además de detectar ultravioleta y luz polarizada. De ahí nació la idea de que veía muchísimos más colores que nosotros.
En 2014, un estudio en *Science* entrenó galeras para elegir colores. Fallaban con tonos que un humano separa sin esfuerzo. No ven más colores: los reconocen más rápido.
En 2014, Hanne Thoen y su equipo (Universidad de Queensland) publicaron en Science un experimento clave. Entrenaron galeras para elegir colores y comprobaron que confundían tonos separados por 12-25 nanómetros de longitud de onda. Un humano distingue diferencias de solo 1-4 nm. La hipótesis: escanean el color como un lector de códigos de barras. Menos precisión, pero una identificación rapidísima.
Los renos ven ultravioleta. En la nieve, que refleja el UV, un lobo blanco aparece como una mancha oscura. Su camuflaje no sirve contra ellos.
Quien sí ve algo que tú no puedes es el reno. En 2011, un estudio del University College London demostró que sus ojos captan ultravioleta. En la nieve, que refleja el UV, los líquenes que comen y el pelaje de los lobos absorben esa luz y aparecen como manchas oscuras. Un lobo blanco, invisible para nosotros, para un reno destaca.
Víboras, pitones y boas detectan el calor con unas fosetas en la cabeza. Una serpiente de cascabel con los ojos tapados ataca a una presa en total oscuridad.
Las víboras de foseta, las pitones y las boas detectan el calor con unos órganos llamados fosetas: entre el ojo y la nariz en las víboras, a lo largo de los labios en pitones y boas. En 2010 se descubrió que funcionan gracias al canal TRPA1, el mismo receptor que en humanos detecta el picor del wasabi. Por eso una serpiente de cascabel con los ojos tapados puede atacar con precisión en total oscuridad.









