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El azúcar no pone hiperactivos a los niños. Lo que cambia después de una tarta de cumpleaños es otra cosa: cómo los miran sus padres.En 1995, la revista JAMA reunió 16 estudios en los que unos niños tomaban azúcar y otros edulcorante, sin que nadie supiera quién era quién. La conducta no cambió.En 1994, un experimento con 35 niños de 5 a 7 años dijo a la mitad de las madres que su hijo había tomado mucho azúcar. Todos habían tomado un placebo.Las madres que creían en el azúcar vieron a sus hijos más hiperactivos. Además se quedaban más cerca de ellos y los criticaban más mientras jugaban.El subidón de azúcar está en los ojos de quien mira.

El azúcar no pone hiperactivos a los niños: cambia cómo los ven sus padres

Carrusel

  1. El azúcar no pone hiperactivos a los niños. Lo que cambia después de una tarta de cumpleaños es otra cosa: cómo los miran sus padres.

    Es una de las creencias más extendidas en cualquier familia, y parece confirmarse en cada fiesta infantil. Pero se ha puesto a prueba muchas veces con experimentos bien diseñados, en los que ni los niños ni los adultos sabían qué había tomado cada uno, y el azúcar sale absuelto.

  2. En 1995, la revista JAMA reunió 16 estudios en los que unos niños tomaban azúcar y otros edulcorante, sin que nadie supiera quién era quién. La conducta no cambió.

    Era un metaanálisis de Mark Wolraich y su equipo. Midieron conducta y rendimiento mental, incluso en niños con TDAH o que según sus padres eran «sensibles al azúcar». Ningún efecto se distinguía del cero. Si el azúcar los alterara, esos niños tendrían que haberlo mostrado.

  3. En 1994, un experimento con 35 niños de 5 a 7 años dijo a la mitad de las madres que su hijo había tomado mucho azúcar. Todos habían tomado un placebo.

    Lo hicieron Daniel Hoover y Richard Milich. Las madres habían dicho que sus hijos se alteraban con el azúcar. A todos los niños les dieron una bebida con aspartamo, un edulcorante sin azúcar; lo único que cambiaba era lo que se les contaba a ellas antes de verlos jugar.

  4. Las madres que creían en el azúcar vieron a sus hijos más hiperactivos. Además se quedaban más cerca de ellos y los criticaban más mientras jugaban.

    Los grabaron jugando juntos. La expectativa no solo cambiaba la opinión de las madres, también su forma de tratarlos: más vigilancia, más correcciones. Así el mito se confirma solo, año tras año: los adultos esperan el subidón, lo buscan y acaban encontrándolo.

Fuentes