Reflejo de inmersión: los bebés cierran la garganta bajo el agua
Naciste con un reflejo de mamífero marino 🌊
Se llama reflejo de inmersión. Cuando la cara de un bebé de pocos meses entra en el agua, la glotis se cierra sola y el agua que entra por la boca se desvía al estómago, no a los pulmones. Al mismo tiempo, su corazón late más despacio, de media un 20 % menos.
Con los meses el bebé pierde la parte de cerrar la garganta. Que lo tenga no significa que sepa nadar ni que esté a salvo: un bebé puede ahogarse en muy poca agua.
Pero el resto del reflejo se queda contigo de adulto. Si metes la cara en agua fría (por debajo de unos 21 °C) y aguantas la respiración, el corazón se frena y la sangre se concentra en el cerebro y el corazón. En humanos el pulso puede bajar entre un 10 y un 25 %. Las focas y los delfines llegan a reducirlo más de un 80 %.
Por eso echarse agua fría en la cara ayuda a calmarse cuando el corazón va a mil, y algunos médicos lo usan para frenar ciertas taquicardias.
Guárdalo para el próximo agobio.




