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En Roma, la orina se vendía. Lavanderías y curtidores la usaban por su amoníaco. El emperador Vespasiano le puso un impuesto. De ahí: «el dinero no huele».

Roma cobraba un impuesto a la orina

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Pecunia non olet: el dinero no huele 🏛️

En la antigua Roma la orina era un recurso industrial. Su amoníaco servía para limpiar, desengrasar y blanquear. Los fullones, las lavanderías romanas, la usaban para lavar togas de lana, y los curtidores la empleaban para tratar pieles.

Se recogía en vasijas colocadas en las calles y en las letrinas públicas, y se vendía. Donde hay negocio, hay impuestos.

Nerón fue el primero en gravarla, pero fue el emperador Vespasiano quien la recuperó hacia el año 70 para llenar un tesoro vacío tras años de guerras civiles.

Según el historiador Suetonio, a su hijo Tito le pareció un impuesto repugnante. Vespasiano le acercó a la nariz una moneda recaudada con él y le preguntó si olía mal. Tito dijo que no. «Y sin embargo, viene de la orina», respondió el emperador.

De ahí la expresión «pecunia non olet», que aún se usa para decir que el dinero vale igual venga de donde venga.

Su nombre sobrevivió de la forma más literal: en Francia los urinarios públicos se llamaban «vespasiennes», y en Italia todavía se les llama «vespasiani».

¿Qué impuesto absurdo conoces tú?

Fuentes