Werner Forssmann: el primer cateterismo, en sí mismo
En 1929, un médico de 24 años se metió un tubo de 60 cm por una vena del brazo hasta su propio corazón. Luego bajó andando a hacerse una radiografía.
Werner Forssmann trabajaba en un hospital de Eberswalde, cerca de Berlín. Se anestesió el brazo, abrió una vena del codo y empujó una sonda urinaria hasta el corazón. Después bajó a rayos X para comprobar dónde había llegado.
Su jefe se lo había prohibido. La enfermera Gerda Ditzen aceptó ayudarle si la voluntaria era ella. Forssmann le anestesió el brazo… y se lo hizo a sí mismo.
Ditzen custodiaba el material estéril y solo aceptó a cambio de ser ella la cobaya. Forssmann la preparó y, mientras ella esperaba, hizo el procedimiento en su propio brazo. Cuando se dio cuenta, la sonda ya estaba dentro.
La recompensa fue un despido. Ferdinand Sauerbruch, el cirujano más famoso de Alemania, lo echó de la Charité. Forssmann acabó dejando la cardiología.
La comunidad médica vio su experimento como una temeridad. Sauerbruch le dijo que así no se empezaba en cirugía. Sin trabajo en cardiología, se reconvirtió en urólogo.
En 1956, dos médicos que habían convertido su idea en una técnica para estudiar el corazón compartieron con él el Premio Nobel de Medicina.
André Cournand y Dickinson Richards, en Nueva York, desarrollaron el cateterismo cardíaco a partir de su trabajo. En 1956 recibieron el Nobel junto a Forssmann, que entonces trabajaba como urólogo.








